Te hago una confesión.
Con esto puedo perder mi reputación como guía espiritual.
Es el riesgo de contar algo intimo a un desconocido.
Sin embargo, creo la aumentará.
Y además hay un gran motivo que puede interesarte. Si lo lees con calma. Con solo leerlo empezarás a resolver tu dolor, bloqueos y frustraciones.
Porque se aprende muchísimo de los errores de otros.
Al menos si eres un ser humano como yo.
Te cuento.
Yo era uno de esos que daba consejos y compartía frases de Buda en Instagram mientras se atiborraba a chocolate tras un bajón emocional.
¿Conoces alguien así?
Si tú lo has hecho, no hay ningún problema.
Porque quiero hablarte de algo que es aún peor.
Hace más de 30 años, yo era un veinteañero sin vida y con Diógenes emocional.
Mi padre siempre me decía:
“No quiero perros, ni holgazanes en mi casa”.
Ningún padre quiere un vago en casa.
Yo tampoco quería serlo y me pasé de frenada.
Sin darme cuenta acabé atrapado en el negocio familiar trabajando como un burro.
Y lo hice por una razón oculta.
Me sentía indispensable para la familia, quería ser alguien importante.
Y todos necesitamos sentirnos importantes.
Pero en realidad lo que había era más bien inseguridad, miedo y orgullo.
Y por eso me da mucha vergüenza contarte las consecuencias.
Trabaja muchísimo, generaba mucho dinero, pero no ganaba acorde a lo que producía.
Y lo justo es que recibir según lo que aportas.
Sin embargo, yo me callaba y tragaba día tras día.
Lo hacía autoengañado creyendo que así era un buen hijo que hacía lo correcto.
Gran error.
En realidad lo sostenía por miedo.
Y todos en algún momento justificamos nuestros comportamientos aunque nos hagan daño.
Por eso en vez de echarle huevos y negociar mi situación, decidí seguir con los ojos vendados.
Y esto tuvo consecuencias muy graves.
Todo el mundo intenta gestionar emociones con comida, alcohol, tabaco, redes sociales, compras, etc.
Yo gestione mi silencio con fiestas de fin de semana para anestesiar mi dolor.
Como imaginas, eso no funcionó.
Pero sí destrozo mi mente y mi sistema nervioso.

Dije «casi me lleva» porque como dice el refrán “Dios aprieta pero no ahoga”.
Dios me lanzó un salvavidas y entré en el mundo espiritual.
Lo hice por la puerta grande.
Leía libros de autoayuda, tarot y por supuesto visitaba el Biocultura.
Lo del supermercado igual te hace reir.
Pero para entender esa cómica experiencia, necesito ponerte primero en contexto.
Y tiene que ver con la mascara espiritual.
En esos tiempos siempre fingía estar genial.
Seguro que conoces alguien que lo haga.
Pero la careta y el maquillaje ocultaban la verdad.
En realidad, era un turista espiritual disfrazado de monje.
Era el que compartía mensajes de Buda en Instagram, ¿recuerdas?
Y aunque cambié las fiestas nocturnas por mantras, me faltaba madurar y obtener los resultados que tanto anhelaba.
Menos mal que descubrí la clave que lo cambiaría todo. Una clave que me llevo a tener una conexión verdadera con Dios. Y que me ayudo a recomponerme, casarme y tener una hija creando una familia imperfecta llena de amor y paz. También me dio un propósito y una forma de ganarme la vida.
Pero volviendo a ese momento donde vivía una falsa espiritualidad.
Necesitaba sanar mucho más.
Necesitaba sentirme mucho mejor.
Necesitaba mucho más autocontrol.
Y sobre todo.
Necesitaba darle un sentido a mi existencia y a mi alma.
Pero no lo conseguía porque rechazaba el esfuerzo y el compromiso.
Anhelaba tener una conexión real constante.
Y llegó de una forma inesperada.
Antes de contarte quiero que sepas que para mi la espiritualidad es lo más importante y me lo tomo muy enserio.
Y te aviso que esto puede resultarte cómico, grotesco o inadecuado.
Gracias a la clave que te voy a contar un día me encontré con esta situación:
No es broma.
Aunque entiendo que te sorprenda este lenguaje tan grotesco con algo tan serio y profundo.
Pero es la verdad.
Un día cuando hacía mi rutina divina, algo especial ocurrió.
De repente me traslade en el espacio tiempo a un lugar divino donde estaba un gurú que me guiaba.
Era un gurú de hace siglos que dejo escrituras divinas auténticas que yo leía.
Y desde entonces tengo su presencia conmigo, esté donde esté.
Eso sí, se que sucederá mientras siga practicando con constancia.
Y todo eso paso gracias al gran descubrimiento de mi vida.
Lo que me salvo y me hizo vivir mi propósito divino.
Pero ¡ojo!, yo no te prometo que esto te pase a ti.
Pero si he sido testigo durante 20 años de como las personas se transforman totalmente.
He visto como les cambia la vida y las lleva a una CONEXIÓN VERDADERA con con Dios.
La clave es esta…
Descubrí algo que nunca me había planteado.
Que al morir sin importar si has sido bueno o malo, creyente o ateo, volverás a reencarnar.
Eso me exploto la cabeza.
¿Pero por qué?
Primero, porque nos identificamos con lo que no somos, el ego temporal.
Segundo, quedamos apegados a lo terrenal, un mundo ilusorio y temporal.
Y mientras el ego, el falso capitán sigue al timón, el alma duerme, no encuentra paz y sigue reencarnando.
Y lo que hizo cambiar mi vida, fue cuando me mostraron la solución.
Ya que hay una forma de salir del ciclo infinito de las reencarnaciones.
Y consiste en seguir las coordenadas del mapa que nos lleva rumbo a la Verdad.

Lo primero hacerte una aclaración.
Este mapa no pertenece a una religión, es universal.
Lo llamo mapa, pero no es un mapa al uso, pero hace exactamente la misma función para el alma.
Son escrituras antiguas de santos y gurús de la India que se conservan puras y sin manipular.
Estas despiertan al alma y le dan nuevas instrucciones a la mente.
Cuando escuchas la palabra divina, esta toca tu alma y las palabras del ego guardadas en tu mente se van limpiando.
Me refiero al dolor, las pasiones, el rencor, la culpa, el miedo, etc.
Ir sola y por tu cuenta
Yo lo intenté y no funcionó.
Y durante 22 años he visto cometer el mismo error a muchas personas con el mismo resultado.
Fracaso total y ego desmesurado.
Hablo de los iluminados de Instagram, ya me entiendes.
Al ego le encanta jugar a ir por libre y decir: “Yo no me junto”.
Como dice el refrán «Dime con quién vas y te diré quién eres?
Si vas solo, vas con tu ego.
Vas con delincuentes, acabas en la cárcel.
Si vas con los de siempre, eres la de siempre con tus penas y glorias.
No hay anda malo en ello.
Pero si quieres una conexión verdadera.
Va con santos y te vuelves divina.
La vibración del grupo es un soporte y una fuente de bendiciones.
Si te sientes mal, las vibraciones positivas de los demás te salvarán.
Si te sientes bien, tus vibraciones ayudarán a otros.
Cada vez que alguien del grupo se conecta a lo divino, todos resuenan con ello.

No estoy iluminado, ni hago coaching, ni es estoicismo.
Lo que comparto cada mañana es la palabra divina escrita por auténticos santos y gurús.
Es devocional, pero tú decides qué creer, qué vestir o qué comer.
Haz lo que te dé la gana con tu vida, nadie te juzga o te vigila.
Nadie te evalúa o dice que tienes que hacer.
Es tu historia y tu relación con Dios.
¿Quieres que alguien más avale lo que digo.
Honestamente.
No voy a compartir testimonios.
Si necesitas que otros te convenzan, no estás preparada para el motín.
Para entrar aquí, además de tener una breve conversación y ver si esto encaja contigo, hace falta otra cosa.
Una pizca de fe.
Y reconocer la llamada en tu corazón hacia esta práctica.
Pero tampoco quiero insultar a tu inteligencia haciendo el hipócrita.
Mis facturas no las paga Aladino.
Y esto es algo muy valioso y tiene un coste.
Además me encanta ganar dinero con ello, y duermo muy tranquilo sabiendo que los que están dentro están recibiendo algo único, honesto y que está cambiando sus vidas.
Y lo más curioso es esto.

Si tu maduración espiritual vale menos que esto, está claro que no es para ti.
Es una práctica diaria, una rutina divina.
CÓMO FUNCIONA LA RUTINA DIVINA (LA ESTRUCTURA):
Esto no es Esparta. Nadie te ve, nadie te juzga.
Hora: 06:30 am (45 min).
Lugar: Zoom.
Dispositivo: Ordenador/Móvil.
Lo ideal: Asistir todos los días.
La realidad: Encuentra tu propio ritmo. De forma puntual, para algunos el logro es escuchar incluso tumbados desde la cama.
Tú decides tu nivel de compromiso.
Qué ocurre tras la rutina:
– Saldrás a la calle vestida de capitán mientras el resto sale en bata mental.
– Te mirarás al espejo con dignidad, sin necesitar dos kilos de maquillaje para demostrar que eres feliz.
– No irás como un zombi.
El paso a paso exacto:
06:30 – Conexión: Entro en conexión para ser la guitarra.
06:32 – El Recitado: Palabra divina del Japji (vibración pura y traducción).
07:10 – Oración Amorosa: Para que tu alma tome el timón.
07:12 – Lectura breve de Santos y Gurús: Sabiduría para sellar la experiencia.
07:15 – Explicación: Metáforas y conceptos para que entiendas.
07:20 – El Extra: Mantra opcional.
Audios Maestros (Sábados): Sabiduría práctica sin rollos para tu vida real (familia, dinero, pareja). Incluye respuestas a vuestras preguntas.
Perlas Diarias (WhatsApp): Un audio corto inspirador cada día. No es un chat, solo recibes valor.
Retiros Exclusivos (Cada 4 meses y se pagan aparte): Opcionales y presenciales. Ahí sí nos vemos las caras y hacemos comunidad.
Primeros 50 Miembros Fundadores.
Es la primera vez que se hace público.
No sé cuándo volveré a abrir.
Para entrar necesitamos vernos en una llamada o reunión de Zoom de 15 minutos.
Necesito saber tus motivaciones.
Y sobre todo tú necesitas saber si esto es para ti.
AL LLEGAR A 50, SUBE EL PRECIO.
Entrar como fundador tiene ventajas únicas:
– Congela tu precio (54€/mes) para siempre mientras sigas dentro.
La clave es empezar y probar.
(Luego se cierra el acceso por tiempo no definido y el precio subirá a 64€)
Llamada de 10 minutos entre el 16-20 de marzo
(Por Zoom con o sin cámara)
No. El precio siempre subirá. Pero el tuyo se congela si entras ahora.
El motín disipa la bruma mental. Las enseñanzas te dan sabiduría, no trabajo.
Evita que choques contra el iceberg. Habrá tempestades, pero sabrás navegarlas.
Absolutamente NO. Mis motivos son míos.
Casi. Paramos en Navidad, Año Nuevo y Reyes. Somos gente normal, no vivimos en una cueva.
No. Si enfermo o surge un imprevisto, hay veteranos que me sustituyen o tiramos de grabaciones.
Pierdes grabaciones, pierdes el precio trimestral (solo podrás volver pagando anual) y pierdes la entrada libre.
Sí, pero todo cambiará. Esta no es una membresía yo-yo. Estar dentro, incluso en vacaciones, te recuerda tu compromiso por encima de una cena o un regalo.
El sistema bloquea el acceso. Si pasan 15 días, te da de baja definitiva y pierdes todo.